Hoy ha sido un día de los que yo llamo «días chispa», esos en los que sucede algo que enciende la mecha de una bomba que se lleva preparando unos días antes y todo estalla por los aires, produciéndote unas ganas enormes de bajarte del mundo. Como ya ha quedado claro que eso no es nada fácil, pues seguiremos….
¡La nostalgia! Esa tristeza infinita que surge cuando se recuerda algo querido, ese sonreir y llorar a la vez, esa negación del presente, en suma «Esa ensoñada ineptitud para resistirse al gancho de una vida que se nos ha ido quién sabe cuándo, quién sabe cómo y quién sabe a dónde», como describió muy bonito Xavier Velasco. No cabe duda, que a medida que se envejece, ahogarse en la nostalgia es cada vez más fácil, pero ¿es buena la nostalgia?, ¿es bueno vivir de recuerdos?. Pienso que no es malo, pero sin abusar, porque entonces enfermaríamos de recuerdos, y eso si que no es conveniente.
No obstante, opino que la nostalgia forma parte de nuestra esencia, y por ello cuando pasamos mucho tiempo con la vida dislocada, con nuestros días llenos de barullo, llega un instante, en el que la necesidad de estar triste suele ser más fuerte que cualquier otra y una pequeña cosa, como un día de lluvia, un parque, una música, un paisaje, nos hace entrar en barrena y ponernos irremediablemente tristes y nostálgicos y como la nostalgia es un baúl lleno de recuerdos, pues ya esta liada, nos entra la «morriña» y capitulamos sin remedio. Tranquilos, ni la tristeza, ni la nostalgia matan y recordad que un hoy bien vivido hace que cada ayer lo recordemos con sonrisas y cariño, logrando que cada mañana sea un nuevo comienzo y todos, bueno salvo los «malos de ayer», nos merecemos toda una vida de mañanas preciosas.
Nathan Filer escribió «Algunos recuerdos se niegan a que los encierren en el tiempo o en el espacio. Nos siguen, abren una mirilla con un chasquido metálico y nos observan con curiosidad» y éste es el gran problema de nuestro pasajero sentimiento, que puede adueñarse de nuestras vidas, y hacernos creer que cualquier cosa del pasado fue mejor, convirtiéndose en una dolorosa enfermedad que nos hace sufrir y nos impide vivir el presente e ignorar el futuro. ¡No caigáis en su trampa! Un poquito de tristeza y de nostalgia es genial para desahogarse, recordar, limpiar el alma, pero pensad que no se puede tener un presente ni un futuro mejor si estás pensando en el ayer todo el tiempo. Además, la nostalgia es seductora, manipuladora y mentirosa y a los recuerdos que nos aporta, les ha eliminado las asperezas y probablemente nunca fueron exactamente como los recordamos. Leí una frase de Alejandro Dumas que es un final perfecto «¡Ah los buenos tiempos! Cuando eramos tan infelices.»
Tengamos recuerdos, es sano, aceptemos la nostalgia de vez en cuando, es agradable, pero no permitamos que se instalen permanentemente en nuestras vidas, pues tienen la mala costumbre de no dejarnos vivir nuestro preciado y maravilloso presente.
No penséis en como vivíais antes, vivid y divertíos hoy.
