Que fácil nos parece dar un consejo y como nos gusta que nos lo pidan para poder sentirnos poderosos. Nunca me ha gustado dar consejos, me parece algo demasiado importante y serio como para ser frívola y lanzarme a esa aventura sin medir las consecuencias, creo que es un verdadero compromiso y no me siento capacitada para ello. Esta opinión personal no es óbice para que tanto pedir como dar consejos, ésta última parte mucho más sin duda, sea una práctica habitual entre los humanos y pueda parecer razonable y ser de gran ayuda, cosa que soy capaz de aceptar y entender, aunque no compartir en exceso.
En ese tema de los consejos hay dos vertientes claras: PEDIR Y DAR. Cuando pedimos consejo sobre cualquier asunto o situación, lo hacemos porque nos encontramos hech@s un lío, o porque no nos consideramos capaces de resolverlo solos o porque creemos que otras personas, a las que admiramos y estimamos, pueden darnos una solución que no hemos pensado y aunque sé positivamente que todos conocemos la respuesta de aquello sobre lo que pedimos consejo, lo hacemos porque a veces nos gustaría no conocerla y acudiendo a otro intentamos que nos digan algo diferente. No nos paramos a pensar en el compromiso en el que estamos poniendo a la persona a la que pedimos ese consejo.
Como por arte de magia, recibimos montones de consejos «inestimables», que nos crean una gran confusión y que la mayor parte de las veces son inútiles, irrelevantes, erróneos u obsoletos, dados con la mayor honestidad, por supuesto, pero siempre de bastante baja calidad, ya que se lanzan sin reflexionar demasiado y soltando lo primero que viene a nuestra mente, dependiendo muy probablemente de nuestro estado de ánimo en ese momento. Esto es algo que debemos conocer y aceptar cuando pedimos un consejo.
Para mí, la más peliaguda es la otra vertiente , «DAR CONSEJOS», aquí si que me agobio. ¡¡Dar consejos razonables que sirvan para algo!!… Estaréis conmigo que adquieres un gran compromiso con aquello que aconsejas, porque ¿Conocemos suficientemente a la persona que nos pide un consejo? ¿Tenemos una idea clara y completa de sus personalidades, fortalezas, debilidades o sobre los vacíos de su vida? Y si así fuera ¿Sabemos como es la situación y todos sus detalles? ¿Sómos capaces de entender como se encuentra, cómo se siente? Para aconsejar algo que sirva, hacer otra cosa es una irresponsabilidad, debemos tener una idea muy completa de cada quien y de todos los factores y aún así seguirá siendo complicado….¿Comprendéis ahora porque no me gusta dar consejos? Creo que es mucho más complejo que recibirlos y aunque conozcas todas las teorías o domines todas las técnicas, al tocar un alma humana solo se debe ser otra alma humana (Carl G. Jung), por eso yo prefiero acompañar, no juzgar ni valorar sino preguntar para que escuche sus propias respuestas, mantenerme en silencio para que se desahogue y sobretodo mantener mi apoyo constante, pues eso es lo que me gustaría que me dieran a mi si pidiera un consejo y porque eso es el mayor compromiso que puedes brindar.
Los consejos no son malos si no les damos un gran peso en nuestras decisiones.Es bueno tener diferentes opiniones para decidir, pero la decisión siempre es nuestra.
A vivir y divertirse…
