«Las chicas de oro…»

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Hace días que no escribo y no es que no me apetezca, sino que llevo una temporada tan liada que cuando me encuentro con un ratín para mí, me sorprendo tanto, que me quedo «lela» y no hago nada. Ayer, que como todos los domingos leí el precioso «respingo» que mi querida amiga Nonia escribe (ella no es como yo, no falla nunca), se me antojó seguir el tema que planteó y del que muchas veces hablamos: «Las chicas de oro», esas amigas eternas que siempre, pase lo que pase siguen juntas.

Ella contó  un ejemplo fantástico de este tipo de amistad, perdurable al tiempo y a sus efectos y me hizo recordar otros casos que  han causado en mi una gran admiración por su permanencia y su lealtad. Siempre he sido afortunada en este aspecto y tengo un pequeño ramillete de maravillosas amigas con las que invariablemente, pase lo que pase puedo contar y de las que estoy muy orgullosa pues son fuertes, optimistas y llenas de vida y alegría y eso amigos, es contagioso. Y lo que digo no significa compartir cada instante, cada situación, cada momento o cada época,  sino sentir que son de siempre y para siempre, a las que puedes no ver  pero las percibes ahí, que no incomodan, que te escuchan y te cuentan a su vez, con las que cotilleas, lloras, ríes y con las que hablas alguna vez de vivir juntas esos años cuando ya nadie «nos necesite»…. y no me entendáis mal, no quiero decir con esto que los nuestros vayan a prescindir alguna vez de nosotras, sino que llegado el momento les vas a «permitir» vivir plenamente su vida, pues tú ya has vivido la tuya,  con la tranquilidad de saber que estamos bien, que somos felices y que no precisan estar todo el día pendientes de nosotras, pues aunque siempre estaremos ahí cuando quieran una ayuda, una charla, un achuchón o un te quiero, somos afortunadas y estamos encantadas con «nuestro grupito de amigas de siempre».

Cuando hablamos de esa época, a la que por supuesto pensamos llegar, no nos planteamos otra forma de afrontarla que con unas buenas amigas, como en esa serie que Nonia recordaba y que me sirve de título hoy, » Las chicas de oro». En el momento en que ya ha pasado parte de tu vida, has realizado todo lo que has podido y querido con ella, ha habido ocasiones para tí y todos los tuyos  y simplemente vuelves a ser una persona sola contigo misma,  retornando a tu juventud, pero sin juventud, que mejor opción que reunirte de nuevo con esas amigas que están en el mismo momento que tú y viviendo esa misma etapa y comenzar a divertirte de nuevo, a retomar las aficiones que has tenido, a realizar sueños de viajes deseados y compartir el día a día con ellas que son las que van a entenderte y con las que vas a poder discutir, reir, llorar y recordar con sana nostalgia,  porque las cosas en común son muchas. Tus caprichos, tus locuras, tus torpezas….os conocéis tanto, que están a salvo con ellas.

Admiro a estas mujeres que han sabido darlo todo por todos y que ahora no piden nada porque nada necesitan, ya que siguen teniendo en su vida aquello que les da felicidad, alegría, y comprensión «sus amigas» y me sumo a tu deseo Nonia y permíteme que transcriba tus palabras: «Yo quiero seguir sentándome con mis amigas en una terraza,abrir nuestras vidas como hacemos, nuestros sentimientos, porque dicen que las mujeres vivimos más porque somos capaces de contar lo que nos pasa.»

No seáis mujeres lastimosas y cansinas que necesitan torpedear la vida de los demás, (sobre todo de los que las quieren), con exigencias baratas y trasnochadas, pues esto nos da muy mal cartel a todas nosotras y sumaos a la frase y la foto de hoy «Así quiero, amiga mía, que nos sorprenda la vejez».

Me he propuesto escribir por lo menos todos los lunes, pero no prometo nada….A vivir y divertirse.

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